Pies, ¿para qué los quiero, si tengo alas pa’ volar?

Hoy este post no será extenso, porque hay reinvindicaciones que no deberían requerir palabras, no deberían existir.

Tal día como hoy, hace 111 años, en el “puritito centro de México” nacía una mujer llamada Frida Kahlo.

Si pregunto quién es Frida, estoy segura de que obtendré todo tipo de respuestas, desde el tan manido “Ah! la de la ceja”, pasando por “La de las flores en la cabeza”. Alguien incluso podrá comentar algo sobre “la que se pintaba como un hombre”…

Luchadora desde su infancia, se revolvió contra los dolores y las limitaciones físicas causadas por la “polio” que sufrió desde niña. Y no se rindió. Ni siquiera cuando el destino casi se la lleva en un brutal accidente. Y siguió moviéndose y revolviéndose.

Hablaba 3 idiomas. Practicó deportes como el Boxeo. Estudió en una ambiente masculino (35 mujeres entre 1000 hombres) y soñó con ser médico y madre. Qué impensable todo para una “señorita” contemporáneo mexicana…

Se autorretrató de forma andrógina, sin renunciar al color de sus vestidos, sus raíces y folclore y siempre queriendo mostrar su realidad, su dolor, pero siempre en pie de lucha.

Para mí, Frida es icono del poder femenino, de la lucha contra las diferencias, las desigualdades y los “techos de cristal”. La personalización del querer es poder. Por eso hoy, más allá de los tópicos y de lo típico, quiero reivindicar a la Frida mujer. A la Frida Heroína vital. A la precursora del feminismo visual, conductual, plástico e intelectual.

Que nadie, nunca, nos quiera parar los pies!

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