Este verano mi color ha sido el amarillo. Amarillo? What? Quizás no estemos en la mejor época para elegir un color tan controvertido, pero es que el amarillo es así. Controvertido, sensacionalista. El color más contradictorio y menos estable de todos, un color muy… muy yo. Un color de contrastes, explosivo, que advierte y que divierte (aunque siempre he negado que me gustara, dicho sea de paso). Este verano me reconcilié con un color al que nunca había prestado la debida atención (siempre me había centrado en mi querido azul, que en mi defensa, presentaré como el complementario del amarillo).

Amarillo… Colega atesorador de ceros y unos… Una sola pizca de cualquier otro color, lo convierte en otro color totalmente diferente. Los animales lo emplean para advertir de su toxicidad, y los grandes del teatro lo desterraron hace siglos “por obra y desgracia de Molière”, aunque yo me quedo con su parte positiva. Es el color del sol, de la alegría, del optimismo, de los minions, de la energía, de los plátanos, del éxito, de la inteligencia y estimula la creatividad. Además es el color favorito de mi loca bajita. Y eso sólo puede ser bueno. Amarillo para pintar el sol, amarillo para pintar leones y amarillo para pintar la arena de la playa.

En tiempo de preparación, de cambio, de transición, de dudas, maduración y meditación, a mi también me ha venido muy bien una dosis extra de amarillo. Amarillo para prepararme para los nuevos proyectos, amarillo para afrontar los cambios vitales, mentales y logísticos, amarillo para enfrentarme a la temida burocracia administrativa (sí amigas, nunca hay que fiarse de los Sistemas, os lo digo yo), amarillo para luchar contra los miedos internos (y a veces también los externos), amarillo para encender y entender las pequeñas mentes pensantes de mis locos bajitos, que en verano se revolucionan y asilvestran hasta extremos insospechados… amarillo para “evrizing”.

Subidas, bajadas, unos, ceros. Cuánta contradicción! Como sabéis, soy una experta atesoradora de binomios así que para mi, todo queda en casa. Amante de los desafíos, pero fanática de las normas… una montaña rusa de emociones en un frasco de 163 centímetros! Sí, amigas, pueden llamarnos histriónicas, histéricas (o cualquier otro adjetivo que empiece por “his”), pero yo digo que cambiar de extremo a extremo en tan corto espacio de tiempo requiere de un gran grado de adaptacion. Somos guerreras, somos adaptación en estado puro. Somos camaleónicas, como el amarillo. Amarillo camaleón.

Este verano en casa hemos tenido la gran prueba de la adaptabilidad. Nuestro verano ha sido totalmente diferente. Los 4 “of us”, con más espíritu camaleónico que experiencia campista, nos aventuramos en el mundo de las vacaciones campistas. No me digáis cómo, pero allá por mayo conseguí quórum para irnos unos días de camping en tienda de campaña. Y reconozco que, contra todo pronóstico, la experiencia en general fue más que buena, salvando las incidencias ocurridas con el montaje de la tienda de campaña marca ACME (30 minutos para un mastodonte de 5mx2,4mx2? Let me laugh, please…), el “night dance” patrocinado por el viento de Levante, los “otros vientos tensores” que perseguían nuestras piernas cual columna de garaje, esos colchones hinchables cuyas funciones iban mermando a medida que avanzaba la noche… en fin, todos esos pequeños grandes errores de novatillo campista. Eso sí, después de tanta etapa superada, me autoimpongo el maillot amarillo, cual ciclista que sube el Tourmalet y confirmo, sin lugar a dudas que, en cuestión de adaptación, los locos bajitos nos llevan muuuucha ventaja.

Pero el gran reto anual de la adaptación, el “big change” de los camaleones cuando se tienen niños tiene lugar en septiembre. El final del verano va tocando a su fin y las piscinas van echando el cierre, las tormentas hacen aparición estelar en los lugares menos habituales y… tachán! Llega la vuelta al cole.

El curso escolar ha comenzado, hemos forrado libros noche y día (y noche otra vez. Benditas fundas autoforrado!). Los chat del “guasap del cole” nos dan la bienvenida con 354 nuevos mensajes, volvemos a las reuniones donde nuestro trasero se reestructura en sillas tamaño Liliput, perdemos el baby nuevo el primer día de cole… “Omaigod! Omaita!”. Nosotros, adultos, cuerdos y en nuestro sano juicio (jajajaja) en modo atacado ON, ellos, locos, bajitos y sin juicio alguno, cual camaleón por el desierto… Nos llevan o no nos llevan ventaja? Definitivamente, necesito una buena ducha de… amarillo! o un “yellow submarine” para desaparecer unos días…

Creo que no me equivoco si digo que, aunque hace pocos días pedíamos a todos los Santos que llegara la ansiada rutina y que bajasen los grados, en pocas semanas volveremos a ansiar unos rayitos de sol, unas chispitas de nuestra estrella amarilla… lo que viene siendo un poco de “amar y ya” (como dice la bonita Miriam).

Amar y ya. Porque el amor todo lo cura. Porque sólo el amor basta. Por eso en anik seguiremos pensando en yellow, buscando el sol y repartiendo love… mucho love!

2 thoughts on “Buscando el sol… amarillo

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